sábado, 2 de diciembre de 2017

Diego junto a otros dos jóvenes fueron “levantados” el 28 de noviembre en Xalapa

Xalapa, Ver. –La familia de Diego Alvarado Sarabia creyó que lo más difícil tras su asesinato sería recordarlo sonriente, y no dentro de una bolsa de color negro. Hoy, aseguran que en Veracruz hay algo peor que la muerte: que el gobierno lo vea como un delincuente y no como alguien que ganaba la vida como talachero.

“Mi papá iba a los madrazos; por mucho se llevaba 2 mil o 3 mil pesos al mes. El Gobierno se tira sus golpes de pecho y como siempre dice que era criminal, pero la gente que sabe que era tranquilo, trabajador, que no se metía con nadie”.

Son palabras del hijo de Diego Alvarado, un taxista que después de la tragedia ha asumido el rol de jefe de familia, y hoy tiene bajo su responsabilidad a ocho personas, a su madre, a sus hijos y a sus abuelos. “Eran todo para mi padre. Trabajaba de lunes a domingo para más o menos ir al día”, agrega.

El crimen de Alvarado Sarabia, de 57 años, fue precedido de una desaparición. Él junto a otros dos jóvenes fueron “levantados” el pasado 28 de noviembre, en las inmediaciones de la vulcanizadora “El Tío”, ubicada sobre la avenida Lázaro Cárdenas, en Xalapa. 

“Como todos los días le llevé su comida, arroz y unos cachitos de carne, pero cuando llegué a la vulcanizadora ya no estaba, las cosas estaban desordenadas. Nadie me decía nada, los vecinos tenían pánico.”, recuerda el entrevistado desde la sala de su vivienda, donde su madre reza frente a una fotografía de la víctima.

Los familiares esa misma tarde interpusieron una denuncia por la desaparición, que dio apertura a la carpeta de investigación 6478/2017. No hubo información de parte de los fiscales. La muerte de Diego Alvarado fue anunciada la noche del 19 de noviembre por notas en medios de comunicación.

Horas más tarde, se confirmó que Diego Alvarado junto a los cadáveres cercenados de otras cuatro personas, fueron abandonados en 11 bolsas negras En un predio de reserva ecológica ubicado en la colonia Álvaro Obregón, a 500 metros de la Central de Autobuses de Xalapa (CAXA).

“Nadie quiere ver a un familiar de esa manera, es horrible pasar por algo así. Pero es más feo que, sin conocerlo, el gobierno nos diga que era un delincuente. ¿Cómo dicen eso si nadie lo conoció tanto como nosotros?”, recrimina la viuda, quien luego se excusa por su hablar entrecortado.

El 18 de noviembre (día de la desaparición de Diego Alvarado) el secretario de Seguridad Pública (SSP), Jaime Téllez Marié, respaldó la postura institucional del gobierno de Veracruz y reiteró que las muertes y enfrentamientos en la entidad son ocasionados por integrantes de la delincuencia organizada.

“Mi papá era una persona tranquila, nunca tuvo conflictos. En la talachera sus clientes le apodaban “El Tío”. Ahí trabajó 17 años, de ocho a diez de la noche, ahí cocinaba y él me hablaba para comer, le llevaba las tortillas o el refresco”, se lamenta.

Los conocidos de “El tío”, lo refieren como un padre responsable, que temprano llevaba a sus nietos a la escuela y a medio día iba por ellos antes de regresar a su trabajo. “No entendemos por qué lo mataron. No fumaba, no tomaba, no tenía vicios”, insiste la viuda.Veracruz de la crisis

A la fecha, la muerte de Diego Alvarado y la de las cuatro personas que fueron halladas juntos a sus restos, permanece impune. No hay sospechosos, ni vinculaciones a proceso, la única sentencia la dio de botepronto la autoridad veracruzana y llamarle delincuente.

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