jueves, 20 de julio de 2017

Fredy salió de Colombia, llegó a Veracruz y encontró trabajo y familia, hasta que desapareció

Xalapa, Ver. – Fredy Rafael Reales Gálvez emigró a México en 2013 de su natal Atlántico, Colombia en busca de mejores oportunidades. En Veracruz consiguió trabajo, una esposa y una hija. Se asentó en el municipio de Medellín de Bravo, donde hace 45 días fue privado de su libertad, a punta de pistola, junto con otras dos personas. El paradero de los tres a la fecha es un misterio.

Desde un teléfono público, la esposa del hombre de 34 años explica temerosa que por seguridad y recomendaciones de la Embajada colombiana se desterró de la costa veracruzana, dejando atrás un puesto de antojitos, muebles y fotografías en una casa de Infonavit que rentaban en el fraccionamiento San Miguel.

“Uno se siente atada de manos, quisiera salir a buscarlo, a preguntar a las autoridades si hay noticias, pero tampoco puedo hacer mucho porque no hay dinero. Solo difundo su fotografía en el Facebook”, comparte la mujer cuya identidad no será revelada por seguridad.

Sobre la desaparición de su esposo Fredy Real Gálvez y la de otras dos personas, entre ellos un adolecente de 17 años, la Fiscalía General del Estado (FGE) no ha emitido un comunicado al respecto. La información de las presuntas víctimas tampoco aparece en el Registro Público de Personas Desaparecidas (Repupedes), a siete meses de haberse creado.

Este medio publicó el 13 de mayo de 2017 el trabajo titulado Gobierno de Yunes oculta cifras de desaparecidos en Veracruz en el cual se expusieron 18 casos de desapariciones suscitadas entre el 06 de diciembre de 2016 y el 03 de mayo de 2017, en el municipio de Veracruz – Puerto (colindante con Medellín de Bravo), de las cuales no existe información oficial.

La esposa decide relatar lo sucedido el mediodía del 03 de junio de 2017, en la entrada de su domicilio. Asegura, que, pese a haber ofrecido indicios del paradero de Fredy, los elementos de la Fiscalía le advirtieron que ‘iba a estar un poco difícil dar con él’. “Honestamente de las autoridades de Veracruz no he recibido nada, han trabajado más la Embajada”.

“Se lo llevaron descalzo y sin camisa”

La esposa de Fredy atendía un puesto de antojitos en la entrada del fraccionamiento San Miguel. De acuerdo con su declaración integrada en la carpeta de investigación UIPJ/DXI/TIS/1/3551/2017, eran entre las 12 y 13 horas cuando a las inmediaciones arribaron cuatro vehículos blindados, de modelos recientes. “A nosotros se nos hizo raro ver ese tipo de camionetas en el fraccionamiento porque es de gente humilde”, recuerda.

Los vehículos que también fueron identificados por los vecinos, eran dos autos cerrados color plateado y negro; una camioneta doble de doble cabina y una camioneta Toyota cerrada color vino, que habría comandado al convoy.

“Cuando la camioneta guinda arrancó, los demás carros arrancaron detrás y uno de los conductores cuando se bajó sin querer se le alzó la camiseta y vimos que iban armados. No creí que iban por mi esposo, allí estaba mi hija de dos años”, refiere la mujer.

De acuerdo con un testigo de identidad resguardada, Fredy arreglaba una pinchadura de su camioneta, pues al día siguiente (04 de junio, día de elecciones) prestaría servicios al partido de Movimiento Regeneración Nacional (Morena) para llevar y traer almuerzos a los funcionarios de casilla.

“Se lo llevaron sin camisa y descalzo, solamente tenía puesto una bermuda color negro. Él estaba sentado en la camioneta, lo bajaron, lo aventaron al piso y lo encañonaron. Su hija se les atravesó a los hombres armados y la aventaron”, relata un testigo a este medio.

El comando armado cruzó la calle y sustrajo de otra vivienda a un joven de aproximadamente 17 años, de nombre Santiago y apodado “El Caracol”. “El muchacho estaba durmiendo, se comprende que lo golpearon porque su familia encontró sangre embarrada en su cama y en el piso”, relata el testigo.

Sin embargo, el comando armado avanzó por una tercera víctima, una mujer de nombre Laura quien es pareja de El Caracol y comía en la caseta de antojitos de Fredy Rafael. “Se estacionaron en el puesto y le dijeron a esta muchacha que se tirara al piso, A mí me dijeron que no volteara a verlos y que no me iba a pasar nada. A la chava la subieron a uno de los carros y se la llevaron. Yo no sabía que en uno de esos carros iba Fredy”, se lamenta.

Desde aquel suceso han pasado 45 días. La esposa de Fredy y su hija de dos años huyeron a otro lugar del país, con temor de represalias y sugeridos por la Embajada colombiana. El 11 de junio la mujer interpuso la denuncia en la capital de Veracruz, Xalapa y desde entonces se hizo cargo de la múltiple desaparición el director de la Unidad Especializada de Combate al Secuestro (UECS), Jorge Arturo Rodríguez Pucheta.

“A la Fiscalía se le dijo todavía el 15 de junio (11 días posteriores a la desaparición) que el teléfono de Laura estaba prendido, incluso se conectaron desde su cuenta en WhatsApp. Me dijeron que los iban a rastrear vía satelital, pero supongo no lo han hecho porque ni siquiera me han llamado”, recrimina la esposa.

Luego de los hechos, Andrés Felipe Garrido Vives, cónsul adjunto de Colombia en la Ciudad de México, contactó a la esposa de Fredy Reales y desde entonces asegura la víctima indirecta “se están moviendo más que en Veracruz”.

Este medio contactó a Garrido Vives, quien no desmintió la desaparición de su compatriota en el municipio de Medellín de Bravo, sin embargo, dijo que esperará a que el equipo de prensa de la Cancillería fije una postura oficial al respecto.

“Solo quiero saber si Fredy vive o no”

Fredy es originario del municipio de Soledad, perteneciente al departamento – estado- de Atlántico, ubicado en la costa de Colombia. En 2013 se mudó a la ciudad de México, donde conoció a su pareja y posteriormente se mudó a vivir a Veracruz.

En tres años de relación sentimental procreó una hija y para costear los gastos de la casa primero trabajó como taxista en la capital de Veracruz, Xalapa y ya instalados en Medellín de Bravo, “trabajaba en lo que le caía; a veces como ebanista; arreglaba celulares, computadoras porque le sabía a la tecnología y últimamente se acercó al partido de Morena”, refiere la esposa.

La entrevistada advierte que en el lugar que ahora reside no cuenta con un empleo y en consecuencia con dinero para realizar diligencias que implican una desaparición. “Su familia me llama de Colombia y me dicen que, si han averiguado algo, pero yo les digo que nada. Me siento atada de manos… Solo difundo su fotografía en Facebook”.

La mujer antes de terminar la llamada desde el teléfono público, suelta el último mensaje, amagando el llanto, dirigido a las personas que privaron la libertad de su esposo.

“La familia de las otras dos personas que se llevaron no denunciaron por miedo, pero yo solo quiero que me digan por qué se lo llevaron; si vive o no. Yo no quiero problemas, lo busco porque quien más lo extraña es su hija”. Cuelga el teléfono.

La desaparición del colombiano de 34 años, se suma al homicidio de Edwin Rivera Paz, periodista hondureño refugiado en Acayucan, cuyo crimen avivó el panorama de riesgo para los centroamericanos que buscan asilo en Veracruz.
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