domingo, 20 de noviembre de 2016

Párroco de Catemaco tiene miedo a morir; van en el sexenio de EPN 19 crímenes contra sacerdotes

Veracruz.- A José Luis Sánchez Ruiz le dicen el padre “Güero”. 

Es el párroco del templo de “Los doce apóstoles” de Catemaco, Veracruz. Lleva tres días sin dormir, por la tortura que sufrió cuando fue secuestrado durante 56 horas. 

Padece estrés postraumático, le dijeron. Tiene miedo de que regresen para matarlo, pero irse de la ciudad no está en sus planes. 

De acuerdo con lo publicado en Eje Central, hace tres años, el padre “Güero fue asignado a la parroquia de Catemaco, y desde entonces comenzó a recorrer toda la zona semi selvática, de una ciudad en desarrollo que sobrevive de la actividad turística y la industria eléctrica. 

Es un sacerdote de vocación, había estudiado la licenciatura en Psicología en el Seminario San Rafael Guízar y Valencia de Xalapa, pero siempre siguió la opción por los pobres.“Además de ofrecer la omilía, José Luis alfabetizaba en las comunidades más necesitadas”, relatan sus compañeros. 

A pesar de que es originario de Perote, Veracruz, se sintió nativo de las comunidades indígenas y colonias pobres catemaqueñas. Ahí identificó los principales problemas en la comunidad: la inseguridad y la inconformidad por las excesivas tarifas de la Comisión Federal de Electricidad. Fue entonces que inciaron sus problemas, porque se sumó a las protestas en contra de los absusos de la CFE. 

Y es que la paraestatal cambió a medidores digitales en varias zonas del municipio, y en los hogares les empezaron a llegar tarifas que de cobrar 500 pesos los recibos llegaban por más de 6 mil. 

La indignación en las comunidades estribaba en que cómo puede ser posible que estando a unos metros de la presa hidroeléctrica, que se nutre de la laguna de Catemaco, y tuvieran que pagar esos recibos tan altos. 

Por eso los sermones de Sánchez Ruiz siempre estuvieron cargados de crítica social, en contra del gobierno y de actos de corrupción, y comenzó a convocar a sus feligreses a marchas y manifestaciones. 

Desde el inicio de las movilizaciones, las presiones e intentos de negociación llegaron desde la CFE, pero no lograron convertirse en acuerdos. 

Catemaco tiene una población de 48 mil 593 habitantes, de ellos el 72.7% viven en condiciones de pobreza y pobreza extrema.

Ahora tienen miedo 

La última vez que se le vió al padre fue la tarde del jueves 10 de noviembre. Las versiones en el pueblo se comentan. “Pues dicen que unos hombres llegaron a su casa y ahí se lo llevaron”; otros señalan a “hombres vestidos de policías”, los que se llevaron al sacerdote Sánchez Ruiz. 

Sus allegados comenzaron a decir que el padre había recibido amenazas por mensajería de Facebook y de WhatsApp. 

“Sí, comenzó a recibir ese tipo de mensajes de que ‘le bajara’ con las manifestaciones. Pero no le dio miedo y siguió”. 

La mañana del viernes 11 de noviembre se dio la alerta de la desaparición del sacerdote José Luis. La puerta de su austera casa parroquial estaba destrozada de la chapa; cuando entraron a inspeccionar el cuarto, se pudo ver algunas cosas fuera de su lugar pero nada demasiado extraño.

Llamaron y mensajeraron al presbítero, pero no les respondió. Para las tres de la tarde, los mismo feligreses comenzaron a tocar las campanas y llamar al levantamiento por la desaparición del párroco. 

Comenzaron con bloquear carreteras y manifestarse afuera de las oficinas de CFE. Bloquearon la carretera 180, y cerca de la media noche de ese viernes quemaron con leña las puertas de las oficinas de CFE en Catemaco. 

Las pancartas pedían “justica para el padre José Luis” o cuestionaban “¿Dónde está el padre ‘Güero’?”. Sin embargo, el descontento social en contra de las autoridades abonaron a las revueltas. 

Muchos de los manifestantes del sábado por la noche ni siquiera eran seguidores del padre José Luis, pero exigían su regreso. Los parroquianos de “los doce apóstoles” se replegaron al ver la magnitud de los desmanes. Ahora, ya nadie quiere decir nada. 

Al clima de inseguridad, que había sido denunciado por el sacerdote Sánchez Ruiz, se le abonó la desconfianza. Todo forástero es visto con recelo por los mismos catemaqueños. Incluso cuando se le pregunta a los verdaderos seguidores de qué fue lo que pasó, o que saben acerca del estado de salud del padre, reaccionan como si se les dijera malas palabras. Están indignados. 

El padre fue encontrado la madrugada del domingo muy golpeado en el rostro y en la zona de las extremidades. Tan fuerte fue la golpiza que se encontraba inconsciente y tardaron varias horas para que volviera en sí. 

Muy distinto a la versión del Fiscal de Veracruz, Luis Ángel Bravo Contreras, de que “llegó por su propio pié a la parroquia” de los doce apóstoles. José Luis Sánchez Ruiz fue llevado a la casa de la Diócesis de San Andrés Tuxtla, en la ciudad de San Andrés Tuxtla. 

Pero quienes lo han visto cuentan que casi no habla, sufre por lo que le hicieron y aunque “no se puede decir más por cuestiones judiciales. Él tiene lesiones en todo su cuerpo”. “Hablará cuando se reponga al terrible impacto de la crueldad humana. 

José Luis no se quiere ir de aquí (Catemaco). Y nosotros continuaremos con su vocación misionera”, dice el padre Aarón su amigo y compañero. “Él tenía la costumbre de hablar con la gente en el mismo nivel, social, intelectual y sentimental. 

No se subía a una palestra y desde ahí veía a los pobres, él relataba el mensaje de Dios y escuchaba los problemas de la gente”, dice Aarón Reyes Natividad, vicario y vocero de la Diócesis de San Andrés Tuxtla en Catemaco. 

El riesgo de ser sacerdote Según el Centro Católico Multimedial (CCM), un órgano de la Iglesia Católica Mexicana que realiza investigación sobre agresiones a prelados, en lo que va del sexenio de Enrique Peña Nieto hay 19 crímenes contra religiosos. Son 15 asesinatos contra curas, 2 asesinatos a laicos (gente sin título de sacerdote pero que da el servicio) y 2 desapariciones. 

En un comparativo hecho con los centros similares de los Episcopados latinoamericanos y la Fides (la agencia oficial del Estado Vaticano), México es el país más inseguro del mundo para prácticas religiosas. 

Tan sólo en lo que va del año existen tres homicidios contra ministros religiosos. Los sacerdotes Alejo Nabor Jiménez Juárez y José Alfredo Juárez de la Cruz, asesinados en Poza Rica, Veracruz. 


Y el del padre José Alfredo López Guillén, hallado muerto en la carretera Puruándiro ­Zináparo en Michoacán. C

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